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March 04
El mismo pasillo de cada noche...
Al fondo, la puerta entre abierta deja ver la bañera de piedra del baño grande.
Que lástima de paredes desgastadas y raídas por el tiempo, por el polvo. En su
día la casa era de las más bellas de la zona. Hicimos forrar las paredes de
sedas importadas de oriente y los arrimaderos y los zócalos estaban hechos a
mano de las mejores maderas. En los techos, esculpidos, querubines de escayola
que adornaban las esquinas de las estancias. Ángeles que ahora, se me antojaban
como demonios, como fieras impasibles, que desde las alturas juzgaban mi locura
y mi destino. Por un momento fijé la vista en la escalinata de mármol blanco
que sube desde la entrada hasta donde estoy inmóvil. Dios sabe cuanto tiempo y
dinero costó que construyeran aquel monumento de piedra. Lástima que Enrique no
viviera para verla terminada, pensé. Mi marido, como tantos otros, murió en el
frente dejándome sola con un hijo a cargo de todo. Fueron unos años muy
complicados y duros.
Recorrí el pasillo lentamente hasta llegar al horror que mis ojos han de ver
día tras día. No soy capaz de atinar en mi recuerdo, de saber a ciencia cierta
que ocurrió aquella noche. Era una noche cualquiera, una de esas muchas noches
en que me sentía sola y triste. Sé, que lo que voy a ver tras esa puerta y que
va a demoler mi vida y mi mundo. La imagen era grotesca y remueve todo mi ser
desde las mismísimas entrañas. El dolor que siento no es comparable a ningún
otro dolor, por intenso que fuera. Aún puedo percibir en mis recuerdos el hedor
que brotaba del baño queriendo vaticinar la tragedia. Me sentía paralizada por
el miedo, por la angustia, por saber que tras aquella puerta no habría mañana,
ni esperanza alguna.
Llegué al umbral del baño y apoyé ligeramente mi cuerpo contra la puerta que
cede, dejándome ver aquella terrible imagen con la que sueño cada día. Esa
imagen aun recorre todo mi ser y no me deja descansar. Allí, bajo la
translúcida agua acumulada en la vieja bañera, se intuía un pequeño cuerpo. No
me atrevía a mirar, el miedo, la ansiedad, una extraña sensación de ahogo
siguen recorriendo todo mi ser y me arrancan el corazón a girones. Tras unos
segundos de duda avancé sigilosamente y me atreví a asomarme a su interior.
Llevé mis manos a los ojos tratando de no ver, la visión es tan dantesca, tan
perturbadora, que siento que me fallaban las fuerzas, sientí que iba a caer
desplomada. Me desmayé y perdí la conciencia.
Las diez de la mañana. Amanecí tendida sobre el frío suelo del baño. Traté de
incorporarme sin mirar el espanto que yacía a mis espaldas. ¿Quién pudo
asesinar de aquel modo a mi hijo?, ¿Quién tuvo el valor de ahogarlo y
descuartizarlo luego en mil pedazos? Levanté la vista y aún con los ojos medio
entornados me ví reflejada en el espejo… Mi ropa estaba llena de sangre y de
desgarros. ¿Qué es lo que he hecho?
De pronto oí pasos. Me asomé y pude observar como por la gran escalinata un
hombre que subió acompañado por una pareja. Me escondí .
- La casa se vende a muy buen precio. Dijo el hombre mirando a la joven pareja.
- ¿Y eso? Es una casa más que fabulosa y en una de las mejores zonas.
- Verán, no les quiero engañar… Hace bastantes años una mujer desahuciada y en
estado de embriaguez ahogó y descuartizó a su hijo de apenas dos años en esta
casa.
- ¡Madre mía, que horror! Exclamó la joven horrorizada.
- Dicen que no quería irse de este mundo y dejarlo sólo.
- ¡Jesús! Resopló la chica.
- Luego se cortó las venas junto a él. Prosiguió el vendedor.
- Si pero...¿Qué mas da? Contestó el hombre que la acompañaba.
- ¡Carlos! Exclamó la mujer algo contrariada por la frialdad de su pareja
- Bueno, eso no es todo.
- ¿Ah no? Preguntó la muchacha.
- Verán, cuenta la leyenda local que el fantasma de María se pasea cada noche,
como alma en pena, desde la habitación principal hasta el baño, donde mató a su
hijo.
- Bueno...eso son cuentos. Respondió el joven.
Un profundo, desgarrado y aterrador alarido inundó toda la casa. Ahora María
era conciente de que la que mató a su hijo, fue ella.
February 19
Miguel, con tan solo
cuatro años insulta a sus padres, incluso a si mismo sin saber lo que esta
diciendo.
Las palabrotas continúas y los problemas a la hora de comer son las mayores
preocupaciones del matrimonio que siempre terminan respondiendo a las exigencias
de Miguel
February 16
Escribo,
Luego existo
En el mar en
calma de la animosidad azota el viento huracanado de la incertidumbre. El
conocimiento es abatido por las olas encrespadas de la incredulidad. La
tempestad arrecia enfurecida en la vasta llanura de la confianza. El poseído
mar embravecido la inunda sumergiéndola en la más profunda de las
inseguridades. Destino incierto le aguarda a la una vez floreciente y frondosa
confianza. La racionalidad ha sido apresada por la fuerza abrumadora de los
sentimientos conquistados por la vorágine tempestiva.
El rey lo observa
majestuosamente erguido con mirada desafiante y sus cuatro pies firmemente
clavados en la una vez fértil tierra. Un terrible ciclón le golpea, su melena
ondea con fiereza por la impetuosa tormenta, más con tesón mantiene su gallarda
realeza. Un fuerte rugido sale con bravura de lo más profundo de su alma
penetrando ensordecedor en cada rincón del terreno atacado por la irascible
tempestad.
Las recias cadenas
se rompen, la racionalidad es libre de nuevo. Estalla en una devastadora
explosión luminosa solamente comparable a la muerte de una estrella en el
firmamento. La balanza oscila, finalmente se decanta.
La en principio
imbatible tempestad cesa derrotada y el agua marina se retira de nuevo animosa.
Los rayos del sol de la amistad se reflejan en los claros ojos del rey secando
la extensa llanura. La verdad se revela cegadora.
En innumerables
ocasiones a lo largo y en distintos niveles de la existencia se ha perdido de
vista la esencia. Desamparada fue ocultada a la racionalidad. Y sin esencia en
sus diferentes ámbitos, la existencia se vio maltrecha y mermada a merced de
los imponderables de la vida. El grito del rey fue la chispa que detonó la
explosión de verdad en una profunda y compleja reflexión sobre la esencia en
todos sus estadios.
Absurdo es aquel
que no cree en sí mismo, más quien ni siquiera se conoce es un necio.
Es Tiempo de
Escribir, pues forma parte de la esencia. La máxima se ha revelado, Escribo
luego Existo.
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